ARIA prohibirá en Australia que la música generada íntegramente por IA entre en sus listas oficiales, aunque permitirá obras creadas por artistas con apoyo de herramientas de inteligencia artificial.
La inteligencia artificial continúa obligando a la industria musical a definir dónde termina la herramienta y dónde comienza la autoría. Australia acaba de dar uno de los pasos más claros hasta el momento: las grabaciones generadas íntegramente mediante inteligencia artificial dejarán de ser elegibles para las listas oficiales de ARIA. La Australian Recording Industry Association (ARIA), responsable de las principales listas musicales del país, anunció este 25 de agosto una actualización de su código de funcionamiento que establece nuevas condiciones para las grabaciones desarrolladas con tecnologías de inteligencia artificial generativa. La nueva política no supone, sin embargo, una prohibición general del uso de IA en la creación musical. Las producciones que utilicen inteligencia artificial como herramienta de apoyo podrán continuar participando en las listas siempre que la obra sea considerada sustancialmente creada por personas y no existan indicios de manipulación de reproducciones o posiciones en los rankings. De esta manera, ARIA intenta establecer una separación entre dos realidades que cada vez resultan más difíciles de distinguir: la música creada por artistas que incorporan herramientas de IA dentro de su proceso de producción y las grabaciones cuya creación depende esencialmente de sistemas generativos. Las nuevas reglas entrarán en vigor para la lista correspondiente al 31 de agosto de 2026, cuya publicación está prevista para el viernes 28. La industria empieza a dibujar sus límites La decisión australiana forma parte de una discusión mucho más amplia dentro del negocio musical. Durante los últimos años, herramientas capaces de generar voces, instrumentos, arreglos e incluso canciones completas han avanzado rápidamente, mientras plataformas, discográficas, sociedades de autores y organizaciones profesionales intentan determinar cómo tratar este nuevo tipo de contenido. ARIA ha optado por mantener abierta la puerta a la tecnología siempre que exista una participación humana sustancial. La asociación aplicará además las definiciones internacionales que distinguen entre grabaciones generadas por IA y aquellas simplemente asistidas por IA, siguiendo los principios desarrollados por la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI) y otras organizaciones del sector. La medida también entrega a ARIA mecanismos para actuar cuando considere que una grabación incumple las nuevas condiciones. Una obra podrá ser excluida de las listas, retirada posteriormente o provocar ajustes en las posiciones si se determina que no era elegible. Las consecuencias pueden extenderse incluso a reconocimientos ya concedidos. Las grabaciones consideradas no elegibles tampoco podrán optar a los ARIA Awards y, en determinados casos, la organización podrá retirar certificaciones o reconocimientos relacionados con posiciones alcanzadas en las listas. Los artistas y sus representantes conservarán, no obstante, la posibilidad de impugnar una decisión y presentar pruebas que demuestren que una grabación cumple los requisitos. Una polémica que ya había llegado a las listas El debate dejó de ser únicamente teórico en Australia después de que una reinterpretación de “Like a Prayer”, de Madonna, realizada con elementos generados mediante inteligencia artificial, alcanzara una presencia considerable en las listas australianas. La grabación utilizaba, entre otros elementos, voces y baterías generadas con IA. Llegó al número dos de una de las listas australianas de sencillos y permaneció durante semanas entre las canciones con mayor presencia, impulsando nuevamente la discusión sobre qué debería considerarse una grabación artística elegible para competir junto al trabajo de intérpretes humanos. El caso puso sobre la mesa una pregunta que probablemente aparecerá cada vez con mayor frecuencia: si una canción puede ser producida casi completamente mediante un sistema generativo y alcanzar millones de reproducciones, ¿debe competir bajo exactamente las mismas reglas que una grabación creada e interpretada fundamentalmente por personas? Australia acaba de responder, al menos por ahora, que no. La IA seguirá dentro del estudio La decisión de ARIA tampoco pretende expulsar la inteligencia artificial del proceso musical. La organización reconoce que estas tecnologías ya forman parte de numerosas herramientas utilizadas por productores, ingenieros y artistas. El criterio elegido se centra por ello en determinar quién conserva el peso fundamental de la creación. Es una diferencia importante. La discusión comienza a alejarse de una división simple entre “música con IA” y “música sin IA” para concentrarse en cuestiones más complejas: qué parte de una obra fue creada por una persona, quién tomó las principales decisiones artísticas, de dónde proceden los materiales utilizados para entrenar los sistemas y cómo debe atribuirse o compensarse la creación resultante. La respuesta de Australia probablemente no será la última. Mientras la inteligencia artificial continúa avanzando dentro de estudios, plataformas y servicios de distribución, la industria musical se encuentra ante la necesidad de construir reglas capaces de proteger la creación humana sin cerrar la puerta a herramientas que también pueden ampliar las posibilidades de artistas y productores. Por primera vez, esa discusión empieza a reflejarse directamente en uno de los espacios más visibles del negocio musical: las propias listas de éxitos.